Terapia Gestalt

Te presento mi propuesta de trabajo:

La persona que asiste a terapia ya no es un enfermo irrecuperable y la enfermedad no es una fijación en una etapa infantil –como lo era para el Psicoanálisis– o una mera conducta observable –como lo era para las terapias conductuales–, sino un desajuste en el intercambio con el ambiente.

Los objetivos de la Terapia Gestalt son:

1)- Pasar del apoyo externo al autoapoyo.

2)- Aprender a darse cuenta de lo que hace y cómo lo hace (auto-responsabilidad).

3)- Lograr la mayor integración posible, ya que esto facilita el crecimiento y desarrollo del individuo.

4)- Fomentar en el paciente una actitud activa y responsable que le permita aprender a observar sus conductas y a experimentar otras nuevas.

Hay mucho de novedoso en la Terapia Gestalt y en su abordaje desde la práctica clínica. A saber:

1. Concepto de “paciente” como persona que viene a terapia en contraposición con el “enfermo incurable”.

2. La cualidad del terapeuta como el que “enseña a aprender”.

3. El proceso terapéutico como experiencia de contacto esencialmente fenomenológico.

En cuanto al primer punto, la persona es tratada como una totalidad y es co-responsable del proceso terapéutico; es por eso que ha de ser particularmente activo y capaz de descubrir y lograr sus objetivos a través de sus propios esfuerzos.

En cuanto al segundo, un terapeuta gestáltico:

No interpreta, no condiciona ni descondiciona: acompaña. Atiende a la conducta, no a los mentalismos. Atiende al darse cuenta y no a preguntas especulativas; al aquí y ahora en lugar del allá y entonces.

Tiene un estilo directo y activo en el trabajo terapéutico y una preocupación por crear una relación horizontal. Paciente y terapeuta son dos personas embarcadas en una tarea en la que el foco de atención es el paciente; no se fomenta la dualidad de que el sano es el terapeuta y el enfermo el paciente.

El uso del terapeuta como herramienta de cambio, el que apoya lo genuino y confronta lo neurótico del paciente. Sus devoluciones oscilan entre el apoyo y la frustración.

Por último, un terapeuta gestáltico no le dice al paciente lo que ha descubierto acerca de él, sino que le enseña a aprender acerca de sí mismo.

En lo que se refiere al proceso terapéutico, éste no es un producto terminado sino que ha generado una persona que ha aprendido a desarrollar el “darse cuenta” que necesita para solucionar sus propios problemas. El criterio de éxito no es la aceptación social, sino el incremento de la capacidad de darse cuenta del paciente, que se ve reflejado en un aumento y recuperación de su vitalidad y en una conducta más integrada de acuerdo a sus necesidades esenciales y a sus posibilidades.

La última aportación a la que quiero referirme está contenida en una frase de Perls: “La Terapia Gestalt es algo demasiado bueno como para acotarlo exclusivamente a los neuróticos”.

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