Conocer las propias emociones

Mi experiencia personal

Mi aportación parte  de mi experiencia personal en este punto, habiendo dedicado años de exploración y de análisis personal de mí mismo a través de un proceso terapéutico, de introspección y de autoconocimiento, que me ha propiciado un desarrollo personal y profesional que ha contribuido a fortalecer mi identidad como docente. El conocimiento sobre mí mismo me proporcionó la posibilidad de vivir mi experiencia como docente en mayor sintonía conmigo mismo, con los alumnos y compañeros de trabajo. Las frustraciones que sentía, a pesar de seguir formando parte de mi vida profesional, no suponían siempre un obstáculo insalvable, sino que podía aprender de ellas.  Ser consciente de mis emociones y aceptarlas me permitió dar la posibilidad de expresión al mundo emocional de mis alumnos. Las relaciones entre ellos y yo y entre ellos mismos se hacían más auténticas. Desde esta experiencia, el aprendizaje se hace de forma más significativa puesto que se propicia un vínculo emocional con los alumnos y de estos con los aprendizajes.

 Responsabilidad del docente

 La educación cumple una función social y de promoción del ser humano que contribuye al crecimiento de la generación presente y de las generaciones futuras. Esta dimensión de la educación no podemos dejarla de lado o corremos el riesgo de no saber cuál es el fin de lo que estamos haciendo, como ocurre a muchos docentes que han perdido muchas dimensiones de su identidad como docentes. Tal perspectiva hace que esta consideración contribuya a despertar los sentimientos más profundos en los docentes y en sus alumnos. Si no se cultiva esa dimensión se pierde y se corre el riesgo de dejar de lado el sentido por el cual se es maestro y se dilapida la satisfacción de estar contribuyendo al desarrollo de los seres humanos con los que trabajamos. No podemos colocar la práctica docente al margen de una perspectiva emocional y situarla únicamente en una perspectiva cognitiva, puesto que en el proceso de crecimiento del ser humano las emociones ocupan un lugar vital, por consiguiente este contenido emocional no podemos esquivarlo. Si lo esquivamos es porque individualmente no nos cultivamos, no atendemos a nuestro propio desarrollo emocional, no asumimos la responsabilidad que nos corresponde.

La profesión de docente está sujeta a unas relaciones afectivas con los alumnos que nos obligan a una reflexión sobre nuestra propia capacidad de mantener estas relaciones con unos mínimos de calidad, pudiendo compensar el desgaste lógico que puede suponer la renovación anual de estas relaciones o los fenómenos detallados anteriormente. Es una responsabilidad individual establecer un proceso de búsqueda de compensación de este desgaste, que nos permita compensar las propias “lagunas” que cada uno vaya detectando.

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