Un niño tiene una dificultad grande para entender lo que ocurre en su mundo interior. Si un adulto tiene dificultad grande para gestionar sus emociones y vivirlas de forma saludable, el niño tiene añadidas la dificultad de los pocos recursos de los que dispone para vivirlos y expresarlos. Cuando un niño está manifestando una conducta que los adultos censuramos, no entendemos, tenemos que entender que este niño está queriendo decirnos algo, pero no sabe cómo. El niño carece de una voz clara, de un vocabulario que nos sea fácil de entender, de unas “formas” de expresarse que los adultos hemos aprendido con el paso del tiempo, ¿no vamos a darles a ellos la oportunidad de aprender a expresar? Probablemente si se hace un trabajo con esos niños en el que ellos aprendan a utilizar un vocabulario, a entender para qué hacen las cosas y cómo las hacen, que empiecen a vivenciar al otro como un elemento positivo, podrán aprender a gestionar sus emociones con más limpieza ahora, en la infancia y luego en la edad adulta. Un paso importante es aprender a utilizar un vocabulario que exprese emociones, la polaridad entre bien y mal es la más inmediata.
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